¿Por qué enfermamos?

El otoño y el invierno es la temporada donde aumentan las probabilidades de enfermar. Resfriados y estornudos son habituales durante los meses más fríos. Solemos pensar que el clima frío produce todo esto. Todos hemos escuchado alguna vez la típica frase de “Abrígate que vas a coger frío” o “No andes descalzo que te vas a resfriar”. ¿Pero, es esto totalmente cierto? ¿Andar descalzo puede provocar un resfriado? La respuesta es que realmente no. Para que se produzca algún tipo de resfriado los virus, de manera directa (al estornudar, hablar...) o indirecta (a través de las manos), tienen que  llegar a nuestras mucosas y es así cómo se producen los resfriados.

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El sistema inmunológico es la defensa natural que tiene nuestro organismo y nos protege contra las infecciones de estos agentes externos.

A través de una reacción bien organizada, el cuerpo ataca y destruye los organismos infecciosos.

Mantener un sistema inmune fuerte es importante precisamente por eso, ya que si este se debilita, las posibilidades de enfermar aumentan.

Entender y analizar las causas físicas de una enfermedad es muy importante, de hecho en los últimos años con la pandemia, hemos vivido muy de cerca las consecuencias que pueden tener los virus. Por lo tanto, es un hecho que no podemos perder de vista. Como psicóloga, siempre me gusta trabajar en equipo y descartar la causa orgánica aunque parezca evidente que la causa puede ser psicológica.

Pero, ciertamente, otra parte muy importante es la relación que existe entre las emociones y la salud. Nuestro cuerpo también enferma por emociones no expresadas, por nuestra manera de gestionar el estrés y por supuesto por nuestra calidad en los hábitos diarios. Todos esos sentimientos reprimidos tienen la capacidad de alterar nuestro cuerpo y su funcionamiento.

Otra parte muy importante es la relación que existe entre las emociones y la salud. Nuestro cuerpo también enferma por emociones no expresadas

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Cuando una persona posee estrategias y habilidades suficientes para hacer frente a esas situaciones que generan estrés, es menos probable que causen algún daño. Sin embargo, en ausencia de esas destrezas, un individuo puede verse desbordado por una situación y a la larga puede generar una enfermedad.

Las razones que hay detrás de una molestia o enfermedad son muchas y si bien no podemos evitar enfermarnos sí podemos contribuir a que nuestro sistema inmune esté lo más fuerte posible.

La práctica permanente de buenos hábitos de vida es una muy buena defensa.

  • Procurando dormir unas 7- 8 horas a diario. 

  • Dieta saludable y consumo de agua adecuado.

  • Realizando ejercicio de forma periódica.

  • Realizándonos chequeos médicos periódicos y siguiendo las indicaciones.

  • Gestionando el estrés de la mejor manera posible, sin descartar la ayuda profesional en caso de ser necesaria.

  • Desconectando de la rutina y realizando actividades agradables.

  • Reflexionando sobre ti mismo, cómo te sientes y expresándolo adecuadamente.

  • Manteniendo buenas relaciones sociales. 

En la medida que mejore tu autocuidado tanto físico como emocional, también mejorarán tus probabilidades de enfermarte.

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